Montag, 31. August 2009

Ballermann

Tras muchas tristezas conseguí irme de vacaciones, lo cual fue un estrés de narices.

Gracias a la hormiguita Melitta tuve transporte y compañía hasta la estación de Gelsenkirchen, la pobre se fue tarde a trabajar para poder llevarme. Después estaba triste (y esto agravado por la circunstancia de que su niñito estaba también de vacaciones) y estuvo llamando por teléfono varias veces, con lo que la espera en el aeropuerto fue más amena.

Sorprendentemente el vuelo despegó más o menos puntual y conseguí llegar muy pero que muy bien para coger el autobús, con lo cuál pude desplazarme en autobús desde León a casa y no tuve que pagar un taxi ni viajar a las 4 de la madrugada.

Los primeros días me dediqué a vaguear al sol y cuatro días después nos fuimos al aeropuerto de León rumbo a Mallorca, con una larga escala en Madrid que nos hizo perder la mitad del día.

El hotel estaba en el quinto pino del paseo marítimo, era uno de esos horribles con moqueta sucia, colcha y mobiliario en marrón (para que la suciedad se note menos), nuestras habitaciones eran muy inferiores a la categoría de cuatro estrellas que se esperaba. A los cuatro días tuve que reclamar para que nos cambiaran la habitación, ya que había un ruido constante durante todo el día procedente de los oscuros sótanos del hotel y que al llegar el fin de semana ni siquiera cesaba durante la noche y no nos dejó dormir. Menos mal que conseguí otra, donde a veces el agua no estaba demasiado caliente... grrr. Además también tuvimos problemas con el teléfono (nos llamaban y nadie nos oía) que tuve que solucionar vía recepción. He decidido que la próxima nos vamos a una pensión más cutre y más barata.

Pues bien, el primer día comenzó nuestra pesadilla, descubrimos que estábamos muy lejos de todo y que nuestras piernas trabajarían demasiado en lo sucesivo.

Por la tarde estuvimos en la playa de la ciudad, que no era ni muy limpia ni muy bonita y después hicimos tiempo por ahí, ya que más tarde habíamos quedado con el chiquitín en la cafetería al lado de la estación de autobuses (o sea, en la otra punta del más allá).

Aquella noche acabamos yendo los dos a su pensión en el Arenal y dejé a mi madre sola y preocupada durmiendo en el hotel.

Regresé a carreras al hotel casi con el tiempo justo de agarrar mis cuatro cosas y volver a salir, ya que habíamos quedado para ir de excursión. Por suerte lo conseguimos y acabamos en un bus penoso que nos llevó a Colonia de Sant Jordi.

La playa es preciosa y bastante azul, pero tampoco estuvimos demasiado tiempo en ella, ya que nos fuimos con un barquito a dar una estupenda vuelta por el mar con vistas a la playa de Es Trenc, paradisíaco todo. El chiquitín nos hizo unas fotos allí dentro y lo más chulo fue cuando el barco se detuvo a medio mar (cerca la playa de Es Trenc) y nos pudimos remojar un poco los sudados culos, aunque yo sólo me metí agarrada a la escalera del barco porque tengo miedo si hay riesgo de que me ahogue y además cada vez estoy más débil, así que no era plan de que el agua se me llevara por ahí. El barco tenía una especie de ventanitas en el suelo desde donde se podía ver el fondo del mar, super claro y azul. Fue una experiencia caríbica.
Más tarde, ya en el pueblo, se empeñó en reservar billetes carísimos para ir de excursión al día siguiente a Cabrera, por más que me harté de decir que sería imposible gracias a los "estupendos" transportes públicos de la isla. No me faltaba razón.
Para volver a casa ese día tuvimos que esperar largo rato con la duda creciente de que algún bus apareciera por allí.

Al día siguiente me levanté muerta de miedo, aún sin tener la mínima idea de lo que nos esperaba.
Nada más salir del hotel, el bus dirección aeropuerto nos dejó mirando en la parada como pasmarotes con su cartel de "Completo", con lo que gracias a Dios y temblando conseguí un taxi junto al hotel que nos llevó a la estación de autobuses, por un módico precio de siete euros por cinco minutos de transporte. Me encontraba super aliviada, respirando al fin, ya que llegamos justo para coger el puñetero autobús que salía para Colonia de Sant Jordi... hasta que la cosa arrancó. Empezó a no moverse, fallaron las velocidades y se quedó atascado en la estación. Aún con su horario de salida normal en funcionamiento, era muy dudoso que llegáramos a tiempo para coger el barco. Tras unos ataques de histeria empecé a gritar allí dentro y le expliqué histéricamente al conductor que teníamos una reserva muy cara y que a ver que córcholis pasaba con la indemnización.
El conductor charló largo rato por teléfono (obligaciones habituales y contínuas de los autobuseros en esas latitudes) y al final decidió que salíamos así, tal y como estaba la cosa. Así que nos fuimos saltándonos todas las paradas por el camino y con el sistema de cambio de velocidades a trancas y barrancas. El otro autobús, en el cual iba el chiquitín desde El Arenal, hizo todas esas paradas y al final nos reunimos en uno de los dos no recuerdo cuál, y por milagro milagroso de San Pancracio, conseguimos llegar a tiempo. Ahhh, pensé, ahora sólo queda ver si mi madre se cae de la pasarela del barco, tan estrecha y desprotegida...

En Cabrera casi nos morimos de la asfixia, qué calor...!! La bahía es preciosa, el agua está más fría que en Mallorca y uno puede remojarse allí con los peces en plena orilla. El chiquitín se fue solo hasta el faro por ahí pa´allá y yo me quedé viendo lagartijas con mi madre, que la pobre no estaba para esos trotes. Nos hizo unas fotos chulísimas.
A la vuelta el barco paró en la cueva azul, es una cueva preciosa donde entran los barcos y el agua se ve de distintas tonalidades azules, la gente podía tirarse desde el barco para tomar un baño, pero yo no me tiré por miedo a ahogarme, claro.
Para volver a Palma tuvimos nuevamente un teatro con el autobús, llegó muy tarde y después se quedó a medio camino plantado como una lechuga, mientras nosotros, infelices pasajeros, gritábamos al conductor.
Nos bajamos en El Arenal para pasar los últimos momentos con el chiquitín, que se iba de madrugada de vuelta a las Alemanias y tomamos algo en una terraza allí.

Creo (no recuerdo bien) que al día siguiente me fui andando con mi madre los largos kilómetros del hotel a Cala Major, un sitio también chulo. Pero qué cansancio con toda la calorera...

No recuerdo muy bien qué hicimos el resto de los días, además de estar en El Arenal achicharrándonos y bebiendo cosas, comprándonos camisetas y vestidos por las tiendas y cansándonos como mulas. De hecho nos gustó mucho más estar allí que en cualquier otro sitio, ya que uno tiene todos los servicios que necesita, la playa es muy bonita (sobre todo por la noche, con el horizonte iluminado en la costa) y por mi parte no perdía el idioma de mi otro país querido, así podía sentirme casi como en casa rodeada de borrachos alemanes.

Uno de esos días nos fuimos a Soller. A mi madre le encantó viajar en el trenecito turístico y en el tranvía aquel tan cutre (y tan caro), creo que fue lo más bonito para ella de todas las vacaciones, aunque casi se me mata (y casi me mata a mí) al bajar del tranvía, la pobre. Por supuesto probamos el zumo de naranja y yo de paso un trozo de coca, Hmmm, qué rica que estaba... con la mala cabeza de dejar olvidada mi mochila en la terraza del bar en la plaza, suerte que los camareros se dieron cuenta y me la devolvieron.

El agua del puerto de Soller está asquerosamente sucia, pero con el calor me remojé igual, aunque por breve tiempo cada vez. Mi mami se alquiló una tumbona con sombrilla y aparte de esto, no había mucho más que hacer allí.

Los árboles frutales de la zona son impresionantes: naranjos, limoneros, kiwis, granadas... mmmmhh, qué envidia.

Otra de nuestras excursiones fue a Cala Ratjada, pero no compensó mucho dado el precio, el tiempo que dura el viaje y que el día estaba nublado. Yo me bebí un jarrote de cerveza servido por una alemana en una terraza al lado de la playita y después anduvimos una kilometrada hasta la otra playa de Cala Agulla, bastante poco apropiada para el baño pero con una zona de dunas muy bonita, la cual no exploré para no acabar con la vida de mi madre. El puerto del pueblo es bastante bonito.

Una de aquellas noches me fui sola de fiesta al Arenal y me metí en una discoteca con música horrible donde había un asqueroso espectáculo porno de madrugada (nada motivante, la verdad). Allí hablé con algunos idiotas y un pulpo, y después conocí a dos heavys de Bottrop (ciudad-pueblo) al lado de Gelsenkirchen, sobre todo uno de ellos era muy majo y se quedaron conmigo hasta que por la mañana salió mi autobús a Palma, con lo que no tuve que esperar sola y a pesar de que pasé frío con un escandaloso vestido rojo fue bonito estar allí al lado de la playa oyendo el "Das geht ab, wir feiern die ganze Nacht". Estaba muy bonita por la noche.
Conseguí agarrar un autobús no sin que el anterior me dejara mirando en la parada sin ningún motivo.

En fin, fue triste volver a casa haciendo sitio en las maletas para el queso y la sobrasada...

Hemos decidido que la próxima nos vamos al Arenal para que madre disfrute de nuevo de las salchichas Thüringer XXL con Pommes en la terraza del Mega Park y se compre muchas cosas.

Un poco más, y ya estuve de vuelta en el Gris otra vez... grrr. Y además casi para despedir al niño que ni siquiera tuvo ningunas ganas de estar conmigo entonces. Se fue en septiembre a Madrid y yo me quedé en Gelsenkirchen muy depre. Pero así preparé poco a poco todas mis cancelaciones para poder irme de Alemania también.
Alguna vez acabé un ratito en Düsseldorf de fiestecilla, pero uno solo no le ve la gracia y además el transporte nocturno es bastante insoportable, sobre todo porque uno está ya tan cansado que no puede.

A todo esto se suma el Appeltatenfest o algo así, en Gladbeck, donde estuve con la madre y su novio. El zumo de manzana natural estaba muy rico y además encontre una tienda donde tenían libros de segunda mano por 50 céntimos y 1 euro. A ella se le antojó una haxe y por supuesto tuve que ayudarla, estaba buenísima.

Quién sabe dónde estaré la próxima vez que escriba estas líneas.

Mittwoch, 10. Juni 2009

Tristes meses

Han sido unos meses tristes en un triste trabajo y más sola que la una, sin fiestas ni nada de nada.

Hace tanto que no escribo que creo que se me están olvidando algunas cosas, si bien no hay muchas memorables, prácticamente el único día bonito fue el día que nos fuimos en coche al Sauerland.

Primero estuvimos en un lago (si no recuerdo mal el Biggesee) y nos subimos en el barquito cosa de dos horas aproximadamente, en ese momento hacía buen tiempo y aunque por la tarde se arrugó, nos dejó al menos disfrutar el paseillo en los exteriores.
En la calle había unos músicos populares tocando pachanga y dos puestitos con carne y cerveza.
Muy bonito.
Más tarde fuimos a las famosas cuevas Atta, donde vendían un estupendo queso curado en la propia cueva, mmhhh.... También estuvimos en un sitio donde había una especie de castillito. En fin, para corroborar mi aventura tendré que pedir más detalles porque ya se me está olvidando todo.

Además de eso no recuerdo nada interesante. Más bien he estado yo sola por ahí, de compras en Dortmund, Düsseldorf, en la piscina aburriéndome al sol... y por supuesto planeando las vacaciones de verano con mi mami, que si todo sale bien, nos llevarán a Mallorca. Eso sí que no lo esperábais, eh?? Pues hala.

Sonntag, 8. März 2009

Trabajando todo el día

Pues sí, encontré trabajo a finales de enero y no muy agradable por cierto. Eso sí, con las historias de los españolitos al teléfono podría escribir libros enteros (cómicos y de terror). Madre mía, qué país.

Desde que llegué a la entrevista casi no he vuelto a salir de allí.

El fin de semana pasado estuve de visita en Düsseldorf, sólo fui a dos bares, pero como no había cenado me sentí después muy mal, mi estómago estaba hecho una pena y mi cabeza dolía pero mucho mucho. Pero no estuvo mal ver a un colega después de tanto tiempo.

Ayer, aparte de un triste entierro, estuvimos comiendo en un hindú. La comida no fue ni especialmente buena ni especialmente mala, son cosas de las que solo se puede comer un poquito.





Después estuvimos en el Schloß-Borbeck, dando un paseillo.


Y por lo demás, nada nuevo.

Samstag, 3. Januar 2009

31 Cumpleaños





Este es el Lüttinhof del que hablé en el último post, lo que más mola es el foso, había unos peces enormes allí dentro.


Este castillo es el Lembeck, donde no pudimos entrar, pero nos fuimos a una cafetería cercana a tomar algo.

Si no me equivoco, porque como fue hace meses y es todo un lío con las excursiones ya no me acuerdo.

Hoy es mi cumple, no quería que me lo recordaran pero por desgracia ha ocurrido. Encima de la mesa hay un jarrón con tulipanes de dos colores, rojos y amarillos (pero los dos colores en el mismo capullo, quiero decir), un jarrón con orquídeas rosas muy bonitas, pero una planta más gruesa y más bonita, no la simple ramita con orquídeas, esto parece una rama del árbol de las orquídeas. También hay dos botellas de licores suaves chinos, con sabor a litchí (o como se escriba en Spanisch) y a ciruelas, dos pares de calcetines con deditos de lo más llamativo, un gel de ducha de Naomi Campbell (mi perfume preferido, por cierto), un paquete de tabaco, una cajita de chocolates de Lindt, y como no, dos cremas para la cara, una para el día y otra para la noche. Hay que reconocer que se han esforzado e incluso han pensado, o sea, de verdad se han interesado por esta edad tan importante que cumplo y por eso han comprado los regalos apropiados. Pues eso, la crema a esta edad es muy importante porque uno ya se va arrugando. Bien pensado.

Dentro de una hora más o menos subimos arriba a casa de su mamá a comer pastel con café para celebrar mi temprana edad.

Pss, para ser una españolita que por lo general no celebra su cumpleaños, esto ya es un poco excesivo. Parece la boda de la infanta.


Este mediodía me he ido con la mamá y su novio a un pueblo, otra vez de compras a las tiendas de los granjeros. Me he traído un pan de cebolla de la divina muerte (Dioss, ohhhh!!), un par de embutidos de esos que parecen un poco crudos pero que están buenos (Mettwurst), unas coles de bruselas y en su chiringuito me he comido una salchicha con unas patatas (Bratkartoffeln) y Sauerkraut (col blanca fermentada), pero Sauerkraut verdaderamente buena y bien hecha de las que valen la pena, mmhhh...






Lo siento, pero no he encontrado ninguna foto que se parezca al maravilloso pan de cebolla que me he comprado.

Freitag, 2. Januar 2009

Resurgimiento de entre las cenizas


He decidido volver a escribir otro poco más, aunque de entre los últimos hechos se me ha olvidado la mitad.

He pospuesto mi salida de Alemania un poquito, pero he dejado mi casita para finales de marzo y todavía no sé qué va a pasar o dónde voy a ir.

No he vuelto a trabajar desde finales de agosto, eso no significa nada bueno.


En septiembre pasé dos semanitas con mi madre; nos fuimos casi tres días de vacaciones a Llanes. Para mí no fueron tantas vacaciones, como tengo que ayudarla con las mochilas, el pipí del camino y la compra del super, la verdad es que trabajé un poco.

Nos alquilamos la pensión que yo ya conocía de la otra vez. A mi madre le costó mucho coger energías para empezar y casi se me muere al salir de autobús, pero la obligué a andar bastante y al segundo día estaba mucho más fuerte y tenía más ganas.
Pese al frío me atreví a bañarme un poco, eso sí, durante un breve espacio de tiempo. El último día el mar estaba tan bravo que me salí rápido, un poco cabreada porque tenía tanto frío que me había costado un riñón meterme en el agua.
Mi madre siempre ha tenido miedo al agua y ya se marea en cuanto la ve. Pero le vino tan bien la excursión, que en un momento en que el agua estaba en calma se tuvo que ir a mear entre las rocas en la playa de Toró y así se animó y acabó por allí recogiendo piedras entre el agua y agarrada a las rocas. Tiempo más tarde noté que su bolso pesaba una barbaridad, y cuando llegué a León descubrí que lo había tenido lleno de piedras todo el rato. No obstante me alegro mucho de que estuviera más animada. Cuando pueda, llevaré a mi madre de excursión más a menudo porque ya es hora de que la pobre haga algo.

Uno de los días comimos en el restaurante de la playa de Toró. Fue estupendo. Por un precio medio comimos una sopa de pescado riquísima, nos pusieron toda la cazuela y así pudimos repetir, con lo cual ya no podíamos con el segundo plato. Nos sentamos allí largamente con las vistas al mar, fue una gozada.




Otra vez más fue muy triste despedirme de mi mami. A ver si la próxima ni me voy tan lejos ni por tanto tiempo.


Entre todas las cosillas que se me habrán olvidado, un día fui con el "churri oloquesea" a Recklinghausen, a un montecillo que hay por ahí pa'allá con vistas panorámicas. Es una Halde, debajo hay un montón de carbón que se ha hecho naturaleza para que no estropee el paisaje.




Recklinghausen-Hochlarmark

Gracias a una de sus entrevistas me llevó a Frankfurt. La ciudad es bien fea, con todos esos rascacielos y todas esas gentes chungas alrededor de la estación. Sólo una plaza merece la pena y es preciosa, la Römerplatz. En los alrededores compré un Räuchermännchen económico para enviárselo a mi madre.



Òpera de Frankfurt




Römerplatz

La excursión de la excursión fue la de cuatro días, gracias a otras dos entrevistas del chiquirriquitín. El primer día me dejó solita en Heidelberg. Precioso! Subí a las ruinas de la fortaleza por unas escalerillas poco agradables, las vistas son preciosas. Entré (previo pago de 3 euros) al patio (mala sorpresa, sólo se pagaba para eso), allí había una bodega con una cuba de vino enormísima de madera, muy chulo, pero como había tantos turistas no se podía hacer nada. También había un museo de la farmacia, con plantas y raíces raras, instrumentos antiguos y un poco de historia de la farmacia. Era bastante acogedor y bonito.


En Heidelberg estuve deambulando por el mercado de navidad, tomando cosillas calentitas y eso, mirando tiendas, viendo el centro y casco histórico... Desde el puente hay una vista nocturna preciosa, con el castillo arriba iluminado, la ciudad iluminada también, el río en el medio y montañas al otro lado.

Como fueron muchas horas me congelé esperando al tío ese que no venía. Cuando vino nos fuimos a nuestra "habitación" alquilada a unos seis kilómetros del centro. Imagináos como fue aquello, le cobraron 12 euros por una noche para dos personas......... Qué cabreo....!!!!

Olía a demonios, no estoy muy segura de que las sábanas estuvieran limpias, nos dejaron de souvenir la basura de todos los inquilinos anteriores, vasos sucios, un frasco de Bockwurst en la mesa, la bolsa de basura (así ya no tuvimos que buscarnos una nueva), en el suelo no se podía pisar del asco y las pelotillas de mierda... Pero el baño fue peor. Había una letrina de medio metro cuadrado con un mini-lavavo atascado y lleno de sustancias indefinibles... La ducha era una cosa apestosa entre unos azulejos que nunca habían sido limpiados, otro mini-lavavo que más que blanco era negro, con unos azulejos a juego y unas costras de pasta de diente momificada que bien podrían haber sido restos arqueológicos de las épocas de los dinosaurios...

En fin, en fin...


A la mañana siguiente volvimos un ratito a la ciudad y después subimos a una montaña en coche. Yo no me bajé porque estaba helada y no tenía calzado apropiado, sólo fui a tomarme un Glühwein al garito de al lado. Estaba todo tan bonito, con una fina capa de nieve allí arriba, todo blanco a los lados de la carretera... increíble.


Después nos fuimos rumbo al pueblo más bonito de mundo, para quien no tenga la suerte de conocerlo se llama Rothenburg ob der Tauber. Qué frío hacía, pero cómo merece la pena.

Allí se mira continuamente todo en todas la direcciónes y uno se pregunta cómo puede existir un pueblo taaaan bonito. Los turistas y japoneses se agolpan a millares por sus calles y todo el mundo tiene la misma cara de atontado mirando a las apabardas.


Es un auténtico viaje a la edad media, las calles de la edad media, el pueblo rodeado por torres y murallas, las casitas más ricas del mundo, encima de un alto con vistas al paisaje adyacente, que por aquel entonces estaba un poco nevado... no se puede explicar, hay que verlo. Es la mejor idea para un viaje romántico. Lo mejor es que veáis las fotos, hablan por sí solas.











Esta es la tienda de artesanía típica de Rothenburg, Käthe Wohlfahrt, con todas esas cosas tan bonitas y tan a precio de ganga:-(


Por la noche nos paseamos por el pueblo con un grupo de gente y el guía turístico más divertido del planeta, un melenudo haciéndose pasar por un sereno antiguo que contaba la historia del pueblo en plan de coña. Fue buenísimo. Al principio todavía me pude reir, pero al final estaba tan congelada y mis pies estaban tan a punto de romperse que ya no me pude concentrar en nada más que en mi sufrimiento.



El señor sereno melenudo


Antes de esto dos señorines con vestimenta cantaron villancicos en la puerta del ayuntamiento entre dos pinos navideños enormes y adornados.


Dormimos en una pensión bastante céntrica, no fue tan mala aunque perfecta tampoco. A la mañana siguiente desayunamos como cerdos y nos fuimos otra vez a pasar frío por el pueblo.

Hubo música a lo bávaro en una plaza, pero no me gustó nada y como estaba muerta de frío, me fui a merodear por los puestos del mercado de navidad hasta que me encontré un bocadillo de filete de cerdo (coño con el cerdo, grrr.).


Uno de esos dos días me comí en un restaurante una Haxe (el codillo bávaro de cerdo), que, aunque no demasiado bien hecho porque no estaba crujiente, estaba de muerte, acompañado por una cerveza buenísima, una de trigo tostada de no recuerdo qué marca.


Tristemente nos tuvimos que ir del pueblecito y acabamos en Karlsruhe, una ciudad fea pero fea donde el imposible tenía una de las entrevistas. Primero estuvimos en un mercado medieval pequeño que estaba un poco más lejos y después me abandonaron.Tuve que dormir sola en un hotel, esta vez fue algo más decente y mi cama era riquísima, con el cansancio que tenía me costó mucho levantarme al día siguiente.


Acabé bastante harta de estar por la calle pelando la pava. Ví un parque con un castillo, nada impresionante, con un estanque helado lleno de patitos. En la ciudad no había mucho que ver, sólo dos elefantes y otros bichos que estaban en el zoo, se podían ver al pasar por un puente cerca de la estación.

En el mercado navideño bebí el mejor Glühwein del mundo, tenía un sabor más suave, pero sabía y olía de maravilla a canela y a frutas. Por lo demás casi siempre me bebo el blanco o el met con miel y cosas así, pero aquel rojo mereció la pena. El mercado de navidad allí no estaba nada mal, había cosas bonitas, pero como siempre, muy caras.


En resumen, que estas navidades he recorrido los siguientes mercados de navidad:


-Essen (de los mejores)

-Buer (véase barrio nacionalista de su barrio de Gelsenkirchen)

-Castillo Wittringen: era una cosa pequeñita pero bonita.

-Otro pueblo donde nos regalaron por la calle una porción de ensalada cruda de col, creo que Reken o algo así

-Como ya he dicho, Rothenburg, Heidelberg, Karlsruhe


-Düsseldorf (con motivo de una de mis entrevistas)

-Antes de que abrieran oficialmente los mercados, uno pequeñito en Haltern donde ya se podía beber Glühwein

Feuerzangenbowle

Y seguro que se me olvida alguno. Por cierto, a finales de verano todavía hice algunas cosillas más, pero ya no sé ni dónde. Con la madre del nene estuve una vez en los alrededores de un castillo que estaba cerrado (Lembeck, creo). Con el nene otra vez en otro, Lüttinghoff?? no muy interesante pero nos paseamos por los bosques como de costumbre. Y de las excursiones de familia merece la pena mencionar una a uno o dos pueblos de cuyos nombres ni me acuerdo, Lüdinghausen y otro, con sus castillitos tan ricos rodeados por sendos fosos con peces enormes y jardines verdes. En uno de ellos comimos pastelitos mientras unos paisanos bailaban danzas medievales.


Y con todo esto llegó la navidad y se acabó todo. Justo cuando la navidad empieza, se acaban los mercados y es la pena de la pena. En nochevieja se lían a tirar cuetecillos y petardos en la calle y yo me fui borracha a dormir. No me extraña... con lo tonta que estaba la familia borracha al completo...


Empecé el año entregando mi baja voluntaria a la casera en pleno día 31 de diciembre... qué triste.

Sonntag, 3. August 2008

Despedida

Bueno, ha llegado la hora de finalizar este blog. Las aventuras los dos últimos años y medio llegan a su fin.
He omitido la mayoría de las cosas malas que me han pasado, en definitiva hay recuerdos que no merece la pena conservar y así al menos he conseguido una vista general en resumen de este tiempo infeliz.
Como ya dije, a mediados de septiembre me voy a España y ya he empezado con la próxima búsqueda de trabajo. Estoy segura de que llegarán nuevas aventuras, seguro que tampoco serán buenas, pero intentaré que sean distintas. Si es posible, me gustaría más adelante tener mi propio ordenador y así poder empezar un nuevo blog con mi nueva vida.

Los recuerdos que me llevo son muy malos. Me llevo una gran decepción, un desencanto general sobre el ser humano (aunque lo que se dice "humanos" es una especie en extinción, quedan muy pocos) y una tristeza llena de asco.
No he sabido cuidar bien de mí misma, eso siempre provoca muchos reproches contra uno mismo. Nunca he sabido protegerme bien y este continuo error tiene consecuencias desastrosas.
Espero haber aprendido de algo de todo esto y a ver si de una vez por todas empiezo a aplicar mis conocimientos a mi vida.

La vida lejos de casa se podría resumir de la siguiente manera:

-Ser maltratado por los demás y a veces no tener la oportunidad de permitirse el lujo de defenderse
-Se vive la más tremenda de las soledades, sin tener con quien hablar, sin amigos, sin familia, sin nadie a quien le importes, sin nadie a quien le intereses
-Se siente un vacío absoluto y un cansancio enorme, con el tiempo se adquiere una falta de motivación que quita las ganas de vivir
-No se puede tener mucho contacto con la familia, la tristeza por no poder hablar con ella o verla es continua, te acuestas y te levantas con ella, nunca se va
-Las cosas de las que antes estabas harto y carecían de mucho valor se convierten en un sueño irrealizable
-Se puede llegar a comer muy mal y a sufrir una pérdida de apetito continua, lo cual a veces llega a un adelgazamiento drástico
-Tantas y tantas veces se sufre menosprecio por parte de muchos... en mi caso, soy la ignorante de la limpieza que ni siquiera es capaz de hablar inglés, la inmigrante del sur que nunca aprenderá bien alemán. Te tropiezas con tantos locos por el mundo que te lo escupen a la cara y te desprecian por ello... Y lo que es aquí, locos sobran y a la mayoría se le va mucho la olla
-No obstante también hay gente buena, aunque más escasa, y éstos te darán buenos consejos a veces
-Si al principio de la inmigración se carece de las cosas más básicas como televisión, radio, teléfono, ordenador, etc etc, la incomunicación y el aislamiento son extremos. Después de un par de meses es muy difícil sobrellevar el día a día
-Si existe la posibilidad de conocer gente, no va a motivar demasiado, van a ser relaciones tan superficiales y tan frías que no tienen ningún sentido
-No se tienen visitas, no se reciben cartas de nadie a quien conozcas, siempre se está solo. Siempre miro el buzón como si pudiera contener sorpresas, pero éstas no existen. Al menos no las buenas. De vez en cuando aparece algún nuevo invento de la oficina del paro para tocarme las narices
-Puede ocurrirte de todo, sin límites, ya se sabe, la realidad es más dura que la ficción

En general creo que me gustaría quedarme en mi país, pero la situación laboral no es que sea precisamente propicia, así que posiblemente tendré que buscarme otro sitio por necesidad, al menos mientras la salud de mi madre lo permita.

El resto del tiempo aquí lo dedicaré a resolver mis asuntos para poder irme y a despedirme un poco de la ciudad y de las cosas aquí, puesto que ya no voy a regresar nunca.
Ya estoy buscando un nuevo inquilino para mi buhardilla. Siento mucho tener que tirar a la basura mi colchón nuevo, que lógicamente me ha costado dinero, pero no es que me lo pueda llevar a ningún sitio pese a que posiblemente lo necesite.

En octubre tendré que volver forzosamente porque no creo que para entonces mis asuntos estén resueltos, la verdad es que me gustaría no tener que volver aquí.

Me voy tan sola como llegué o más. Es lo que tiene. No tienes familia ni a nadie aquí y no hay nadie que te despida en el aeropuerto ni nadie a quien le de pena que te vayas. Pero esto no es malo. Es triste, pero las despedidas de gente querida son mucho más tristes aún, así que ésto es lo que me ahorro. Además, da un aire de cierta independencia. Esto siempre resulta agradable después de una estancia en la cual se ha sido dependiente de todo.

En fin, pronto comienza una nueva vida para mí, quién sabe lo que traerá consigo. Quizá, como dije al principio, tenga la oportunidad algún día de escribir un nuevo blog. Y quizá entonces también consiga las vacaciones en la playa tan deseadas, creo que yo también me merezco que alguna vez en la vida me pase algo bueno, aunque dure poco, pero con mi suerte no creo que lo consiga. En fin, ya veremos. Si la próxima vez utilizo el dinero ganado a base de romperme las rodillas para cosas útiles, como en mi propio beneficio por ejemplo, entonces seguro que me aprovechará un poco más.
Y sobre todo debo pensar que una de las cosas más importantes en la vida es tener cuidado con la gente que te rodea y tratar de impedir que se te acerquen seres malos que van a arruinar tu vida siempre que puedan. No dejarse humillar, no ser vencido, seguir al pie del cañón por uno mismo. Recuperar nuevamente el orgullo cuando se ha perdido (éste siempre se puede recuperar).
En fin, esas leyes básicas de vida que tanto cuesta aprenderse a base de golpes.
La vida en definitiva no se trata nada más que de eso.

Ahora ya me despido. Al menos por ahora. Las despedidas siempre son tristes, también cuando se han vivido tantas cosas como en este blog, aunque sean malas.
Cabeza en alto y hacia delante.




Larga vida a la cerveza y al heavy metal!

Fotos de la nueva ardilla






















A qué es rica????